Son tiempos de Hobbits, sagas élficas y adaptaciones del mundo Tolkien. Quizás no es conocido por muchos el caso de la siguiente película, pero viene como anillo al dedo (una comparación muy acertada) en estos momentos. La primera adaptación de un relato de J.R.R. Tolkien al cine fue la olvidable y horrorosa 'El señor de los anillos' (Ralph Bakshi, 1978). Una mezcla de acción real, dibujos animados mal hechos y peor realización. Era demasiada calidad para un experimento de ese calibre. Nadie sabe cómo pudieron los creadores de ese delirio conseguir los derechos de la novela. Es lógico, que pasaran años de negativas a otros productores que andaban tras otro proyecto para re-lanzar la saga del anillo. En esto que apareció George Lucas...
Dos son los factores principales en la gestación de esta popular película de 1988. El primero de ellos era la infructuosa misión de Lucas por hacerse con los derechos de adaptación de la novela de Tolkien. Claro está, a un tipo como él, una negativa no iba a detenerle. Si hacía una década había conseguido convertir una mezcla de referencias de otras películas en su poderosa 'La guerra de las galaxias', no iba a ser menos para sacarse de la manga una versión de ESDLA.
El otro factor a destacar era la impetuosa necesidad de Lucas por volver a conseguir un éxito como productor. Bien es cierto que la saga de Indiana Jones que tenía entre manos llevaba buen camino. Pero su incursión en el mundo de las marionetas no era igual. 'Dentro del laberinto' (1986), aunque bien realizada no obtuvo la recaudación esperada. Pero sobre todo fue 'Howard, un nuevo héroe' (1986, William Huyck) donde Lucas perdió el norte. Un fracaso no sólo de taquilla sino completo en todos los aspectos.
Por ello, con ambos factores, escribió una historia de enanos, magos, guerreros, brujas. Cambió el anillo único por un bebé. Frodo por Willow, Aragorn por Madmartigan, a Gandalf por Fin Razel. Y no satisfecho con eso, añadió un poco del universo StarWars con la figura del villano de la función: Darth Vader por el general Kael (Pat Roach). Éste último asiduo a la saga de Indiana Jones como especialista (se pegaba con Harrison Ford delante de un avión en la primera parte y fue el jefe de los Thugges en la segunda).
Escoger a Warwick Davis como Willow fue a tiro hecho. Lucas y él se conocieron en el rodaje de 'El retorno del Jedi'. No es que sea un actor muy convincente pero ha quedado marcado para siempre con este personaje. La elección de Val Kilmer era algo más arriesgada. Venía de papeles como los de 'Top Gun' o 'Top Secret' (él siempre se ha creído top) y fue el que mayor provecho sacó del film, aparte de una esposa.
La dirigió un Ron Howard que aún dudaba entre el cine amable con elementos fantásticos ( 'Cocoon', 1985; '1,2,3...Slapsh', 1984) o el que más tarde le haría famoso como en este caso: el cine comercial con tinte artísticos. Aún estaba lejos de títulos como 'Apolo XIII', 'Una mente maravillosa' o 'Rush' pero demostró que manejaba bien los tiempos. No es un alarde de realización pero mantiene en alto la tensión durante el visionado. El guión cuenta con excesivos momentos cómicos, dirigidos a un potencial público adolescente, que hacen enturbiar por momentos la trama.
Tiene el honor esta película de haber sido la pionera en plasmar una nueva técnica en F/X, el 'morphing', consistente en mezclar formas (humanas o no) en un mismo cuerpo quedando creíbles. Una técnica que luego quedó pulida y de forma brillante en 'Terminator 2' (1991, James Cameron). Acompañando la imágenes tenemos a un fresco James Horner ('Titanic', 'Avatar', 'Braveheart'...) que imprime a las imágenes una épica de la que carecen, lo que eleva el conjunto. Nunca en los 80 una música hizo tanto por una película desde que se estrenó 'Carros de fuego' (1981, Hugh Hudson).
En resumen, tenemos un buen ejemplo de cine ochentero. Comercial pero con limitaciones (no llegó a ser el éxito esperado). Con elementos de otros films pasados por la mágica mezcladora de Lucas y con cierto aire al buen cine de aventuras. Una excusa para pasar una tarde tirado en el sofá pensando qué hubiera hecho George Lucas si llega a conseguir los derechos de ESDLA.
Dos son los factores principales en la gestación de esta popular película de 1988. El primero de ellos era la infructuosa misión de Lucas por hacerse con los derechos de adaptación de la novela de Tolkien. Claro está, a un tipo como él, una negativa no iba a detenerle. Si hacía una década había conseguido convertir una mezcla de referencias de otras películas en su poderosa 'La guerra de las galaxias', no iba a ser menos para sacarse de la manga una versión de ESDLA.
El otro factor a destacar era la impetuosa necesidad de Lucas por volver a conseguir un éxito como productor. Bien es cierto que la saga de Indiana Jones que tenía entre manos llevaba buen camino. Pero su incursión en el mundo de las marionetas no era igual. 'Dentro del laberinto' (1986), aunque bien realizada no obtuvo la recaudación esperada. Pero sobre todo fue 'Howard, un nuevo héroe' (1986, William Huyck) donde Lucas perdió el norte. Un fracaso no sólo de taquilla sino completo en todos los aspectos.
Por ello, con ambos factores, escribió una historia de enanos, magos, guerreros, brujas. Cambió el anillo único por un bebé. Frodo por Willow, Aragorn por Madmartigan, a Gandalf por Fin Razel. Y no satisfecho con eso, añadió un poco del universo StarWars con la figura del villano de la función: Darth Vader por el general Kael (Pat Roach). Éste último asiduo a la saga de Indiana Jones como especialista (se pegaba con Harrison Ford delante de un avión en la primera parte y fue el jefe de los Thugges en la segunda).
Escoger a Warwick Davis como Willow fue a tiro hecho. Lucas y él se conocieron en el rodaje de 'El retorno del Jedi'. No es que sea un actor muy convincente pero ha quedado marcado para siempre con este personaje. La elección de Val Kilmer era algo más arriesgada. Venía de papeles como los de 'Top Gun' o 'Top Secret' (él siempre se ha creído top) y fue el que mayor provecho sacó del film, aparte de una esposa.
La dirigió un Ron Howard que aún dudaba entre el cine amable con elementos fantásticos ( 'Cocoon', 1985; '1,2,3...Slapsh', 1984) o el que más tarde le haría famoso como en este caso: el cine comercial con tinte artísticos. Aún estaba lejos de títulos como 'Apolo XIII', 'Una mente maravillosa' o 'Rush' pero demostró que manejaba bien los tiempos. No es un alarde de realización pero mantiene en alto la tensión durante el visionado. El guión cuenta con excesivos momentos cómicos, dirigidos a un potencial público adolescente, que hacen enturbiar por momentos la trama.
Tiene el honor esta película de haber sido la pionera en plasmar una nueva técnica en F/X, el 'morphing', consistente en mezclar formas (humanas o no) en un mismo cuerpo quedando creíbles. Una técnica que luego quedó pulida y de forma brillante en 'Terminator 2' (1991, James Cameron). Acompañando la imágenes tenemos a un fresco James Horner ('Titanic', 'Avatar', 'Braveheart'...) que imprime a las imágenes una épica de la que carecen, lo que eleva el conjunto. Nunca en los 80 una música hizo tanto por una película desde que se estrenó 'Carros de fuego' (1981, Hugh Hudson).
En resumen, tenemos un buen ejemplo de cine ochentero. Comercial pero con limitaciones (no llegó a ser el éxito esperado). Con elementos de otros films pasados por la mágica mezcladora de Lucas y con cierto aire al buen cine de aventuras. Una excusa para pasar una tarde tirado en el sofá pensando qué hubiera hecho George Lucas si llega a conseguir los derechos de ESDLA.