No deja de ser curioso que cuatro de las cinco películas de La jungla de cristal estén basadas en libros protagonizados por personajes completamente distintos a John McClane. La primera adaptó Nothing lasts forever, la secuela de una novela protagonizada por un tal Joe Leland y que en su primera encarnación cinematográfica fue el mismísimo Frank Sinatra. Le cambiaron el nombre y listo. La jungla 2, por su parte, usó como inspiración 58 minutos, de Walter Wager; La jungla 3 hizo lo propio con Simon Says, de Jonathan Hensleigh, y finalmente La jungla 4.0 mutilizó un artículo para la revista Wired titulado A farewell to arms. La cinco no adaptó nada. Y así salió, la verdad.
Yippi-ka-yei
Literatura aparte, es curioso que La Jungla 2 tenga un récord muy curioso de la historia del cine: fue la primera película en realizar una composición digital de metraje en acción real con una pintura mate tradicional fotografiada y escaneada en un ordenador. Pasa justo al final. Puede que no pase a la historia, pero no deja de ser curioso, ¿no?
Lo que pasa de curiosidad es el gazapo que habría solucionado la película nada más empezar. Cuando el avión va dando vueltas sobre Washington Dulles, sin comunicación con el aeropuerto, la película no tienen en cuenta que podría ir a un buen puñado de otros con perfecta comunicación, como Richmond, Baltimore o Andrews AFB. Además, de acuerdo, el aeropuerto no puede conectar con el avión, pero sí había otras 15 estaciones de transmisión que le podrían haber enviado mensajes.

También es cierto que si nos pegamos a la letra no habríamos tenido película, y siempre es un gusto volver a ver a John McClane. Y la taquilla opina lo mismo: contra todo pronóstico, esta segunda parte superó a la primera y se convirtió en un hito cinematográfico. De hecho, en cada película la taquilla hacía un poquito más hasta que llegó la quinta parte, que mostró el decaimiento de la franquicia. Y ahora nunca tendremos más Jungla hasta que haya un productor desesperado que quiera sacar tajada como sea. Esperemos que ese día tarde en llegar.