"A algunas niñas que se orinaban les frotaban la vagina con ortigas para que no volvieran a hacerlo": 'Ruega por nosotras' rescata la historia silenciada del Patronato de Protección a la Mujer
por Andrea Zamora
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"Siento que esta película se la debo a mi hija", reconoce el director Daniel Monzón. "Todo aquello procede de un sustrato que sigue estando en nuestro país y que, si se dan las circunstancias, puede volver a emerger"

La historia de Ruega por nosotras llegó hasta Daniel Monzón (1968, Palma) por casualidad, cuando hace años leyó un artículo sobre el Patronato de Protección a la Mujer. "Me sorprende que una realidad como aquella haya podido permanecer oculta durante tanto tiempo y de una forma tan interesada", afirma en SensaCine en el Festival de Cine de San Sebastián.

Ruega por nosotras
Ruega por nosotras
Dirigida por Daniel Monzón
Con Zoe Bonafonte, Manuela Calle, Carla Domínguez
Fecha de estreno 6 de noviembre de 2026
Cartelera y Entrada (271)

La incredulidad condujo a la curiosidad y esta a la investigación. Él y su coguionista Jorge Guerricaechevarría encontraron documentales y tesis sobre el tema, pero la clave fue el trabajo de la escritora, investigadora y activista Consuelo García del Cid. Contando el horror del Patronato de Protección a la Mujer en su libro Ruega por nosotras también estaba contando su historia: ella fue una de las niñas que sufrió en sus propias carnes el horror de esta institución, que fue una herramienta de la represión franquista para encerrar y enderezar a aquellas mujeres que no comulgaban con la moral del régimen hasta que cumplían la mayoría de edad. Los centros estaban regentados generalmente por órdenes religiosas.

'Ruega por nosotras': El horror del Patronato de Protección a la Mujer | San Sebastián 2026

"Era algo que había que sacar a la luz", dice Monzón. "Yo soy cineasta y lo mejor que podía hacer era una película sobre ello". El director pasó años dándole vueltas a la historia, al tono y a la manera de contarla. También había una motivación personal: su hija va a cumplir 20 años y le horrorizaba pensar que algo así podía volver a suceder. "Siento que esta película se la debo a mi hija", reconoce. "Todo aquello procede de un sustrato que sigue estando en nuestro país y que, si se dan las circunstancias, puede volver a emerger".

Ha habido dificultades financieras y no han sido pocos los despachos en los que no querían que esta historia saliera adelante. Pero he seguido luchando por hacerla

Monzón empezó a trabajar en Ruega por nosotras en 2020, pero le ha costado mucho levantarla. "Ha habido dificultades financieras y no han sido pocos los despachos en los que no querían que esta historia saliera adelante. Pero he seguido luchando por hacerla", reconoce. "Su estreno llega en un momento en el que creo que es especialmente pertinente recordar algo que sucedió hace relativamente poco".

No ha sido fácil, pero el 6 de noviembre llega a los cines Ruega por nosotras, que coge su título del libro de García del Cid. "Consuelo nos lo cedió después de leer el guion y decirnos que reflejaba realmente lo que había sucedido. Nos dijo: 'Este guion lo bendigo".

Contar el horror sin caer en el morbo

Zoe Bonafonte como Ana en 'Ruega por nosotras' Arcadia Motion Pictures SL / Amalur Pictures / Noodles Production SARL
Zoe Bonafonte como Ana en 'Ruega por nosotras'

Una de las cosas más terribles que descubrió Monzón investigando sobre el Patronato es que se creó en los años 40 y fue auspiciado por Carmen Polo, la mujer de Franco, pero no desapareció con la muerte del dictador en 1975. Se prolongó diez años más ya en democracia, durante el gobierno de Felipe González. "Yo era un chico que en aquella época iba al cine a ver En busca del arca perdida o Regreso al futuro, mientras chicas de mi edad estaban encerradas en aquellas cárceles encubiertas de un régimen que, teóricamente, ya había terminado", cuenta el director. Por eso Ruega por nosotras se ambienta entre 1974 y 1979, para recoger la Transición.

"La película habla del franquismo, de la Transición y de la democracia, pero, sobre todo, de un sistema que pretendía que las mujeres fueran dóciles, que las trituraba psicológicamente y las hacía sentir culpables por el mero hecho de ser mujeres", explica Monzón. "Se las consideraba pecadoras por tener un despertar sexual, por ser niñas o por mostrarse rebeldes a ojos de sus padres o de la sociedad".

Las que terminaban en el Patronato estaban allí hasta cumplir 21 años, la mayoría de edad en esa época, pero si se consideraba que no estaban suficientemente transformadas, la reclusión podía prolongarse hasta los 25. Y, si todavía se entendía que debían seguir encerradas, se las podía declarar locas e internar en un manicomio. "Había plantas en distintos centros psiquiátricos, como el de Ciempozuelos, destinadas a mujeres que habían pasado por el Patronato", cuenta el director. Allí las sometían a electrochoques y lobotomías. "Eran mujeres que, después de años de reclusión, todavía no habían sido consideradas suficientemente dóciles como para volver a la calle".

Lo que pasaba dentro de los centros del Patronato eran torturas, maltratos y humillaciones. "Había cosas terribles que finalmente no hemos contado", dice Monzón sobre lo que han decidido mostrar y lo que no. "Por ejemplo, a algunas niñas que se orinaban les frotaban la vagina con ortigas para que no volvieran a hacerlo. También había castigos como obligarlas a hacer la señal de la cruz en el suelo con la lengua hasta que sangrara". Con Ruega por nosotras, han querido alejarse del morbo.

La película habla del franquismo, de la Transición y de la democracia, pero, sobre todo, de un sistema que pretendía que las mujeres fueran dóciles, que las trituraba psicológicamente y las hacía sentir culpables por el mero hecho de ser mujeres

"Si empiezas a llenar la película de ese tipo de episodios, corres el riesgo de convertirla en una sucesión de atrocidades", explica. "Puede resultar muy espectacular, pero estarías aprovechándote del morbo". El objetivo era "encontrar una línea delicada desde la que contar algo tan terrible sin arrebatar la dignidad a todas las mujeres que pasaron por allí".

Monzón optó por centrarse más en la tortura psicológica que en la física. "De cómo conseguían que aquellas chicas se sintieran una mierda, que pensaran que no valían para nada, que eran pecadoras y culpables. La culpa cristiana, el 'por mi culpa, por mi culpa", dice. "Jugaban con ellas hasta el punto de que una chica podía llegar a considerarse afortunada porque un viudo se había fijado en ella y estar dispuesta a casarse con ese hombre porque pensaba que era lo mejor que podía pasarle. Para llegar a ese extremo tenían que haberte destrozado muchísimo por dentro".

Pero, además de contar todo lo terrible que pasaba allí dentro, Monzón quería que en Ruega por nosotras hubiera algo de luz. "¿Qué conservan aquellas mujeres de toda esa etapa, además del dolor y la angustia? La amistad, la sororidad. Solo se tenían las unas a las otras".

Esa esperanza la lideran Zoe Bonafonte (2004, Barcelona) y Manuela Calle (2007). La primera da vida a Ana, una joven de familia adinerada cercana al régimen. Su padre decide internarla después de que se escape de casa por la noche para ir a las fiestas del barrio. La segunda es Sole, una joven sin familia que vive en la calle. Las dos se encuentran dentro del Patronato y su amistad se convierte en lo único que las saca adelante. "Introduce una brizna de esperanza en un universo de pesadilla, lúgubre y claustrofóbico", describe Monzón.

Hay algo de luz dentro del infierno

Manuela Calle y Zoe Bonafonte como Sole y Ana en 'Ruega por nosotras' Arcadia Motion Pictures SL / Amalur Pictures / Noodles Production SARL
Manuela Calle y Zoe Bonafonte como Sole y Ana en 'Ruega por nosotras'

Bonafonte y Calle no conocían lo ocurrido en el Patronato hasta que se unieron a Ruega por nosotras. Las dos empezaron a investigar a raíz del filme. "Nos estuvimos informando para poder construir un retrato de aquella realidad. Evidentemente, no podíamos representar todas las experiencias, pero teníamos que conocerlas para contar la historia con el mayor rigor posible", reconoce Bonafonte.

Además de la investigación personal, Monzón tuvo a las actrices "viviendo la realidad del Patronato", aprendiendo, por ejemplo, cómo obligaban las monjas a las internas a fregar el suelo. «No podían sentarse: tenían que mantener la espalda erguida mientras fregaban, una postura que acababa destrozándolas. También aprendieron cómo cosían, cómo debían comportarse, que no podían hablar y todos los rezos que tenían que memorizar", explica el director.

"Durante los ensayos y la preparación era todo muy surrealista. De pronto nos veíamos a todas fregando, lavando o aprendiendo a doblar correctamente las sábanas de una cama, porque había una manera concreta de hacerlo. También había una forma determinada de rezar", recuerda Bonafonte. "Si haces esas cosas una vez en la vida puede resultar divertido, pero imagínate tener que repetirlas durante horas, todos los días, hasta acabar con moratones en las rodillas y sin poder arrodillarte".

Me detectaron nódulos y no podía hablar. Tuve que grabar la película prácticamente sin voz. Solo me permitían hablar durante las escenas y, fuera de ellas, me comunicaba escribiendo en una pizarrita. Es la primera vez que lo cuento. Así que, de alguna manera, sí que te llevas cosas del personaje a casa

No obstante, Monzón tomó una decisión: evitar que las actrices hablaran previamente con mujeres que habían sido víctimas del Patronato. "No quería que toda la carga de dolor y angustia de alguien que había pasado por aquella experiencia recayera sobre ellas", dice. "Ya tenían una gran responsabilidad por interpretar a personas y situaciones reales, y no quería que el contacto directo con las víctimas las angustiara hasta el punto de paralizarlas. Pero, sobre todo, quería que se enfrentaran a la historia desde su propia verdad y su frescura".

Bonafonte reconoce que tuvo que hacer un "ejercicio constante de separación" para no llevarse el trabajo a casa: "Me producía tanta impotencia pensar en lo que había sido el Patronato que las primeras semanas estaba bastante mal. Tenía que recordarme constantemente: 'Vale, estás trabajando, estás haciendo una película. Esto no te lo puedes llevar a casa'. Era importante involucrarme en la historia, pero también entender que no podía costarme la salud mental. Fue duro".

Ser Ana le pasó factura porque se quedó sin voz durante el rodaje. "Me detectaron nódulos y no podía hablar", recuerda. "Tuve que grabar la película prácticamente sin voz. Solo me permitían hablar durante las escenas y, fuera de ellas, me comunicaba escribiendo en una pizarrita. Es la primera vez que lo cuento. Así que, de alguna manera, sí que te llevas cosas del personaje a casa".

Salvo en un par, Bonafonte aparece en todas las escenas de Ruega por nosotras. La película no se rodó en orden cronológico, así que tuvo que hacerse un esquema para saber en qué estado se encontraba su personaje en todo momento. "Anotaba cuántos días habían pasado desde la secuencia anterior, cuántas horas, qué había sucedido entre medias e incluso qué recuerdos me había inventado para completar su historia, aunque no aparecieran en el guion", cuenta. "Siempre digo que en la película hay trece Anas. El personaje pasa por muchísimos estados y su personalidad se va transformando. Sigue siendo la misma, pero la van quebrando y acaba mostrando partes de sí misma que nunca habría querido enseñar".

Zoe Bonafonte como Ana y Manuela Calle como Sole en 'Ruega por nosotras' Arcadia Motion Pictures SL / Amalur Pictures / Noodles Production SARL
Zoe Bonafonte como Ana y Manuela Calle como Sole en 'Ruega por nosotras'

"Durante aquel verano estaba pensando en el Patronato constantemente", cuenta Calle sobre su experiencia. "Todos los días te levantabas, ibas al mismo lugar y era como si estuvieras allí. Evidentemente, nosotras no lo estábamos pasando mal, pero teníamos que recrear aquella realidad y meternos en ella. Todo era muy repetitivo y acababas quedándote con el personaje. Sin duda, te lo llevabas un poco a casa".

A Bonafonte y Calle no les costó demasiado construir la amistad de sus personajes. Desde el primer 'casting' notaron algo especial. "Nos entendimos enseguida y eso facilitó mucho el trabajo", afirma Calle. "La relación entre ellas era muy importante. Se puede interpretar como una relación de hermanas o, si se quiere leer de otra manera, casi como una relación de pareja. En realidad, es una de las formas de amistad más profundas que existen", añade Bonafonte.

Las dos han tenido muy presente que esto, además de una película, es una suerte de documento histórico y, por lo tanto, tenían una responsabilidad dando vida a estos personajes. Tanto es así que Bonafonte se ha adelantado a las demás compañeras de reparto y lleva tatuado un "por nosotras" en el pie. "Es complicado abordar una historia así porque te sientes muy involucrada y quieres hacerlo todo de la manera correcta, sin que las mujeres que vivieron aquello puedan sentirse ofendidas o heridas", reconoce Calle.

Pero dentro de lo duro y exigente que ha sido Ruega por nosotras, también hubo momentos más distendidos. "Lo mejor es que fue un rodaje de chicas", dice Calle. "Éramos mujeres de edades muy distintas, desde los 17 o 18 años hasta los 60, y al final todas acabamos siendo amigas".

Las dos actrices pertenecen a la generación que Monzón espera que vaya al cine a ver Ruega por nosotras. "No hay nada que pueda hacerme más feliz que ver las salas llenas de gente joven descubriendo una realidad que desconoce. Es una parte de nuestra historia reciente que muchos no conocen y que, sin embargo, algunos parecen echar de menos", dice. "Me gustaría que conectaran con la película y entendieran toda la carga de represión que significaba vivir bajo un régimen dictatorial".

Andrea Zamora
Andrea Zamora
-Redactora
Más de diez años de experiencia en prensa cinematográfica y apasionada del cine independiente, con especial interés en la fantasía y la ciencia ficción. Siempre en busca de nuevas historias y miradas creativas
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