Espíritu de Venganza de nada esperanzaría a los fanáticos tras una primera adaptación que sin pena ni gloria pasó por las salas de los cines, y sin mayores recaudos, esta secuela, en cuestión, pasaría por lo mismo. Espíritu de Venganza es verdaderamente una mala película y una muy floja adaptación comiquera que no atrae por nada en lo absoluto. No tiene gracia ni espontaneidad, es muy -que muy- poco creíble interpretativamente y obliga a Nicolas Cage a quedar simple y llanamente en el olvido de un género en el que en verdad hay que hacer las cosas demasiado mal para que así sea. Pero esta segunda continuación pareciera tener ánimos en esto, porque parte de una aplanada argumentación que carece de encanto e imaginación en su explayo, con una nula cercanía carismática y un enfoque narrativo exageradamente acelerado en el que no se precian más que algún que otro retoque visual que llame la atención. La anterior adaptación no era la gran cosa, pero al menos se dejaba digerir cordialmente, pero Espíritu de Venganza, probablemente la peor película de superhéroes que se ha gestado en tantísimo tiempo (a la par con algunas que otras), es carente de empatía y cómodamente antipática y bizarra en el sentido más apesadumbrado de la palabra.