El productor Robert H. contrató pandilleros reales como guardias de seguridad y como actores. Dos de ellos fueron asesinados por armas de fuego durante el rodaje.
El guión original de Richard Di Lello se desarrollaba en Chicago e iba más sobre traficantes de droga que sobre pandilleros. Dennis Hopper ordenó algunos cambios, y Michael Schiffer fue el encargado de llevarlos a cabo, cambiando el escenario a Los Ángeles.
Los críticos se quejaron de que la escena en la que se muestra un funeral interrumpido por los disparos pandilleros era muy poco realista. Sin embargo, según los realizadores, poco después de rodar dicha escena, una Iglesia situada no muy lejos de allí también sufrió un ataque de pandilleros.