No hay óxido en este bebé. Iron Man lanza una nota alta y prácticamente desafía a la competencia a medir. Han pasado años desde que un superhéroe de la película fue tan feroz y gracioso. Todos los elogios al dínamo de actuación Robert Downey Jr., quien aporta tanto jugo creativo a la fiesta que Iron Man logra el despegue instantáneo. Incluso si sabes muy bien sobre el personaje que Marvel construyó en 1963, Downey y el director Jon Favreau -sólo el swinger adecuado para el trabajo- te ayudarán a acelerar pronto.
Es difícil de creer que Iron Man y su alter ego, Tony Stark, nunca hayan sido explotados como sujetos de películas antes. ¿Podría ser que Stark, el fabricante de armas de destrucción masiva borracho, libidinoso y de derechas, asustado menos dispuesto a arriesgarse que Downey? Atorníllenlos. Puede sentir la euforia en la narración y actualización de este origintory, con un pulido de guiones nada menos que por Mark Fergus y Hawk Ostby, los escritores detrás del brillante Children of Men. Iron Man es un acto de clase todo el camino. ¿Qué clase de película de palomitas de maíz consigue que Jeff Bridges, el gran y peligrosamente encantador, se afeite la cabeza para interpretar a Obadiah Stane, el villano principal? ¿O Terrence Howard para agregar misterio a Rhodey, el consejero militar de Tony? ¿O la princesa de los Oscar, Gwyneth Paltrow, para mostrar la inteligencia y la inteligencia de Pepper Potts, la asistente de piernas largas de Tony? No cuestiones, solo sácalo.