Tres colores: Rojo es la última pelicula de la trilogía de colores y a su vez la última obra de Krzysztof Kieslowski.
La primera película Azul hablaba de la libertad, la segunda película Blanco hablaba de la igualdad y está tercera y última pelicula Rojo habla de la fraternidad, de como dos personas aparentemente de la edad o género se pueden llevar muy mal pero con el tiempo formar un vínculo de fraternidad.
Los tres colores de la trilogía vienen de la bandera de Francia que es azul, blanco y rojo, al igual que lo que representa cada color libertad, equidad y fraternidad que viene de el lema oficial de la República Francesa.
A todo esto la fotografía del film es alucinante, al que la banda sonora y lo que hace Irène Jacob en su interpretación. Pero lo que más destaca de la película es su trama y en lo que profundiza y de la manera en que lo hace.
La trama narra la historia de una modelo llamada Valentine (Irène Jacob) que atropella a un perro mientras conduce de noche. Valentine lo cura y conoce a su dueño un juez retirado (Jean-Louis Trintignant) que espía a sus vecinos por teléfono, a Valentine no le agrada para nada el juez, pero poco a poco se irá formado una extraña amistad de la que ninguno de los dos estaba preparado.
Ya había comentado en las críticas de las otras dos películas lo que pasaba con la anciana y el contenedor, pero en esta pasa algo muy distinto, está vez la anciana sigue sin poder lograr meter la botella en el contenedor pero esta vez la protagonista ayuda a la anciana y mete la botella dentro del contenedor, esto referencia a la fraternidad al igual que en las otras dos escenas de las otras dos películas referenciaba a el tema de la película.
Krzysztof Kieslowski no solo ha creado con su última obra una de las mejores trilogías de la historia si no que ha conseguido que Rojo sea otra de esas mejores peliculas de la historia del cine y eso da el cierre completo a la filmografia de un director que no solo es grande por su nivel cinematográfico, si no que también lo es por debatir lo moral e inmoral a través de una cámara y por hacernos recapacitar sobre nuestros valores e inclusive pecados.